Van Gogh decía que en la noche se encontraban más colores que en el día, esto pareciera extraño cuando el estereotipo de la noche-madrugada radica en la obscuridad, donde los miedos se nos ponen frente a frente dentro de la adversidad de la soledad y la introspección de la solemnidad.
Es la misma noche la que nos enseña las escenas de amor más sinceras, más complacientes e inconvenientes; es aquí cuando la desnudez se encoje ante el abismo de la no-crítica, entrando al amor.
La pasión se filtra a través de las rendijas de las ventanas que tan sólo muestran un destello de luz de algún foco que parpadea a punto de apagarse en su totalidad y por lo mientras el mesero del bar me ha dicho que están a punto de cerrar.
No sé a donde dirigirme, quiero correr quiero estallar y una voz interna acelera el ritmo de mis pensamientos. No se me ocurre nada mejor que ir a parar a otro bar, éste está más sólo que el anterior, esta vez es diferente, al parecer no me encuentro del todo abandonada, ha llegado él, aquél a quién no entiendo, aquél a quien no comprendo ni figuro en su forma de ser.
Nos sonreímos uno al otro, sabemos que no hay más, que nos hemos encontrado, que al empezar a charlar empezaremos a jugar con el destino y que juntaríamos nuestras almas por muy difícil que pareciera.
Él me dice primero, me gustas, me sonrojo e incluso finjo no haber escuchado; yo me disculpo y emprendo mi camino al tocador; regreso y parece que han pasado muchos años.
No hay mayor confusión, está el recuerdo de ese beso enamorado, que nos hemos dado por primera vez hace 4 años.
¿Y ahora qué sigue?
Un amor elevado con sueños de imprimir su legado.
Es la misma noche la que nos enseña las escenas de amor más sinceras, más complacientes e inconvenientes; es aquí cuando la desnudez se encoje ante el abismo de la no-crítica, entrando al amor.
La pasión se filtra a través de las rendijas de las ventanas que tan sólo muestran un destello de luz de algún foco que parpadea a punto de apagarse en su totalidad y por lo mientras el mesero del bar me ha dicho que están a punto de cerrar.
No sé a donde dirigirme, quiero correr quiero estallar y una voz interna acelera el ritmo de mis pensamientos. No se me ocurre nada mejor que ir a parar a otro bar, éste está más sólo que el anterior, esta vez es diferente, al parecer no me encuentro del todo abandonada, ha llegado él, aquél a quién no entiendo, aquél a quien no comprendo ni figuro en su forma de ser.
Nos sonreímos uno al otro, sabemos que no hay más, que nos hemos encontrado, que al empezar a charlar empezaremos a jugar con el destino y que juntaríamos nuestras almas por muy difícil que pareciera.
Él me dice primero, me gustas, me sonrojo e incluso finjo no haber escuchado; yo me disculpo y emprendo mi camino al tocador; regreso y parece que han pasado muchos años.
No hay mayor confusión, está el recuerdo de ese beso enamorado, que nos hemos dado por primera vez hace 4 años.
¿Y ahora qué sigue?
Un amor elevado con sueños de imprimir su legado.
Al amor de ésta mi vida. Leopoldo
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