Encerrado en casa
solo en en un cuarto,
nadie sabe que pasa,
ni siquiera tu propio hermano.
Te han dejado
no sabes que hacer,
una vida por delante,
y desperdicias ese instante.
Afuera no hay nada,
el vacío se ha apoderado de las calles,
la individualidad ha sobrepasado al consumismo
nos encontramos ante un fetiche muy obsoleto.
Uno mismo se ha considerado Dios,
la fe y los mitos no tienen valor.
Los valores no tienen voz
y la familia ha dicho adiós.
Encerrado en casa,
te percatas que tu ignorancia,
de las ganas que tienes por conocer,
del infortunio que ha pasado en tu vida
y del desperdicio que has hecho con tu partida.
Te has ido sin saber el daño que has hecho
tu indiferencia ante problemas mundiales,
ser déspota ante conflictos locales.
Las paredes te comen,
las paredes te oyen
las paredes te ven
y no tienes para donde correr.
Desesperación, sulfuración
no tienes inclinación por la verdad,
esperas un poco más
a alguien que te prometa la obviedad.
Sabes que necesitas compañía,
no lo quieres creer,
prometes que puedes tú sólo
y de nuevo te vuelves a caer.
No lo dudes,
no eres tú sólo.
Son todos los que formamos
la unidad,
uno sólo
descompone la unicidad,
pues en el estar sólo
propone la discontinuidad.
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