Si es un momento oportuno, el de escribir una carta a su majestad,
invíteme primero a beber de la copa donde usted ha de reposar
sus más íntimos deseos, sus más escondidos anhelos.
Que de su boca yo beba sus secretos
que el vino mismo descubra sus sueños.
Estamos en una fiesta sin festejar
donde se cree que la pasión desborda sin explotar
donde se recata a la más pura de las vulgaridades
y se enferma la más sucia de las cualidades.
Hemos todos de fingir la fortaleza de nuestro cuerpo.
Fuerza inminente que nos llama hasta caer
en el desorden, en la impiedad,
en la impureza y la lealtad.
Es ésta carta donde me inspiro, donde me inspira,
donde me inspiraré.
Es usted en quien me admiro
y en quien nunca confiaré.
Sigamos esperando,
que su poder fingido
sigue careciendo de amor,
me lo dice mi instinto.
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