Estamos en un ring de luchas.
Nadie para.
Ni siquiera se preocupa.
Las calles nos muestran muchas caras,
rostros "afables" que muestran confianza,
una confianza muy bien armada,
una confianza ilustrada,
una cara muy bien lavada.
Expertos las moldean,
las palabras aquí ya no importan,
lo que emociona, lo que provoca empatía
es la seguridad bastarda que imponen.
La debilidad del pueblo
amenaza su misma seguridad,
ataca a su futuro,
imprime un sello de garantía falsa,
ameniza esa falta de confianza,
engañando a cualquier buen postor,
que proclama el bien para los demás.
¡Qué divididos y separados estamos!
¡Dónde estás Dios nos has dejado desamparados!
Y meter a la religión es bastante absurdo,
pero de lo terrenal ya estamos bastante aburridos.
Al menos nos hemos dejado llevar,
por un mundo sin camino,
sin ilusión,
más que de lo digital y de lo innovador.
La tecnología se ha dejado consolar,
los políticos de ésto se ha vuelto a enamorar,
o lo han empezado a odiar,
porque su imagen no les ha dado ni para empezar.
El pueblo está en red,
mientras los adversarios políticos
en cada país no se soportan ni a brincos.
Estamos aquí,
en presencia de 3 mundos,
el divino, el terrenal,
el digital.
La política ha abordado en los tres,
ahora adivinemos cuál será el que nos convenza
de una vez.
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